Todavía no lo conocía, éramos jóvenes, el cuartelazo gritaban, nadie nos resguardaban, los policías ávidos marchaban, el momento soñado para mi gran padre, las noticias anunciaban saqueos, me quedé en mi casa, su padre todavía no llegaba, todavía no nos conocíamos. Había estado en La Editora, “malditos hijoeputas rojos” decía mi padre mientras las insignias de su uniforme desplegaba, todavía no la conocía, “hay que dar un golpe para que el Perú pueda mejorar”, tenía 25 años y ejercía el periodismo, “hijita desearme suerte mañana es mi día”, todavía no tenía ni columna ni la política hacía, “no llores si es que no regreso”, “conforme doctor saldremos a las protestas mañana cae Falencio”, vas a tener suerte pa van a salir toda la oposición toda la prensa, maldito hijoeputa Falencio tu y tus rojos no regresan, “ahora tengo que irme hijita me esperan en el cuartel ya regreso”, van a marchar hasta la Plaza de Armas, mi padre dijo que el ejercito iba a darle la espalda al rojo, me voy a reunir en la casa del General de la Riviera hay que apoyar al golpe, mi padre iba a regresar en media hora me dijo que esperara a un periodista recíbelo y trátalo bien. Ahí recién la conocí, le abrí la puerta era muy apuesto, sentí algo en mi interior, lo saludé, así comenzó nuestra relación, su padre llegó, mi papi le dijo que mañana era el día, nosotros íbamos a respaldarlo, esa noche nos quedamos conversando, sentía que me gustaba, desde ahí supe que íbamos a estar juntos hasta la muerte.
Corolario San Martín llegó presuroso a su casa. “Hijito, ¿Qué haces acá? ¿Por qué no estás en La Editora?”. Miraba rápido, las agujas del reloj Tic Tac se aceleraban Tic Tac rondaba su mente Tic Tac. “Madre no tengo tiempo”. Subió, cogió sus maletas, un par de polos, unos jeans, ropa interior, una linterna baterías, un poquito de colonia, más desodorante, una lavadita de dientes. Tic Tac un poco de plata debajo del colchón y se lavó la cara y Tic Tac y ya está. Angustiado pero más presuroso la palpitación crecía y Tic Tac crecía y cada vez más “¿Por qué me pasa esto a mi?”. Bajó casi se rueda, se despidió de su madre “si es que no vuelvo es porque fueron los falencianos”. Corolario San Martín se fue en carro, conducía a cien y Tic Tac, pasaba los semáforos en rojo y Tic Tac “ojala que esté en su casa” “ojala que esté en su casa”, tocó el timbre y ahí estaba Mariana de la Riviera “Reina nos vamos, los rojos nos persiguen, empaca tus cosas hay que ir a la Isla de Martino Gracián” y ella si. Se iban a casar pronto, más que pronto dentro de tres semanas. Ya sudaba y Tic Tac, era una ducha andante y Tic Tac y “el timbre conchesumadre, no vayas a abrir Mariana, nos quieren matar, a mi por lo del artículo en La Editora y a ti porque siguen buscando a tu padre”. “Vamos por atrás”.
Así salieron, viajando hasta el y Tic Tac hasta el puerto, tenían que recurrentemente evadir los puestos policiales que cada kilometro se encontraba y Tic Tac. Se lograron embarcar en la Punta y navegaron por más de una hora hasta la Isla de Martino Gracián donde se encontraba “La Resistencia”. Eran una población grande y oculta, se sintió aliviado y como en el hogar y no más Tic Tac, ahora estaban juntos ambos novios perdidos pero a salvo en una isla que era el símbolo de la democracia. Mientras que el mar iluminaba al frente la desolada y luminosa la ciudad de Lima, convertida en el foco golpista de Guillermo Falencio y su movimiento izquierdista popular que suprimía las libertades, se mataba y se perseguía a medio Perú. Estamos libres, somos los defensores de la democracia, somos los amantes del país, y me besó, te quiero Mariana, si es que me hubiera quedado me hubieran apresado y no estuviéramos juntos, volveremos algún día.
Había envejecido y ya tenía calva. Había vuelto a lo grande y lo grande estaba por comenzar. Había resucitado y el país lo aclamaba. Había regresado y su esposa aún vivía. Todavía le era fiel, pero nunca dejó de serlo al país. Ya tenía hijos y ya ocultaba la verdad. El gran periodista y líder opositor había derrotado a los falencianos y el misterio de su calva estaba por venir.
Escrito el 29 de Octubre del 2008.