Días de congresista

No le quedó otra, tuvo que coimearlo. El congresista Arzuaga, hombre de buena reputación, quién en sus mejores épocas fue un defensor de la democracia y también ministro fue detenido en una concurrida vía limeña. ¿Exceso de velocidad? ¿Pasar en luz roja? ¿Estado de ebriedad? Los policías contemplaron cómo el Volvo negro de lunas polarizadas infringió la ley, quiénes hambrientos hicieron sonar la sirena, para detenerlo.

-          ¿Cómo es jefecito? – preguntó uno de ellos.

-          Uy compadrito es el otorongo Arzuaga – dijo el otro policía.

-          ¿Cómo que cómo es? – preguntó desafiante el congresista.

-          Usted verá pes jefecito, la cosa esta difícil, ya no se saca lo que se sacaba antes, ahora que nos están vigilando con cámaras y se ha vuelto complicado esta cuestión es difícil sacar platita. Están bajando mis ingresos. ¿No sé usted verá jefecito, usted me comprende?

-          Si pes compadre – interrumpió el otro policía – Ahora que nos vigilan, que a la policía se la respeta, la cosa se ha puesto brava. Ya no se saca mucho, con la justas una que otra aceitada al día y eso que dan poquito. Y pa colmo jefecito, hay que llevar plata pa la casita, mi hijita quiere que le compre sus huevadas para el colegio, pero si esto sigue así creo que ni al colegio la voy a mandar.

-          Peor yo compadre, mi esposa desde que ya no sacó lo de antes, se hace la pesada, que ya no me quiere y que ocho cuartos, pes varón. Usted sabe como es la nuez, la calle se ha puesto brava y mi chola creo que me está sacando la vuelta con el vecino que es ambulante, hasta el que vende libros aquí más atrasito saca más que yo. No hay derecho.

-          ¿No sabe con quién está ablando usted? – preguntó el congresista.

-          Usted mismo pe el congresista ese que trabaja en el Congreso. Si pe usted ganando como 20 mil solazos mensuales, que eso es lo que yo saco en veinte años de trabajo. Si a eso le sumamos los viáticos y los almuerzos, asu mare una propinita, un azulito, no nos vendría mal.

-          Y eso jefecito que el próximo mes le duplican el sueldo. Yo creo que para el 2011 me lanzo al Congreso – dijo el otro.

-          Suéltese unos azulitos pes jefecito.

-          Yo los comprendo pero eso sí, que nadie se entere, el congresista también se debe a su electorado. También hay que ayudar a los más necesitados.

-          Jefecito un favorcito, pida una ley para que nos suban el sueldo, así como ustedes. Maneje tranquilo.

Avanzó, en la otra esquina, rojo. Los ambulantes salieron a la pista y la poblaron. Libros, lleve lleve, la última de Batman, el último de Bayly, también tengo Vargas Llosa pregunte pregunte.

-          ¿Tiene Indiana Jones?

-          Claro ahorita mismo le traigo doctor – dijo el ambulante – Juan tráeme a Indiana ésta en el maletín de atrás el que dice películas no estrenadas. – le dijo a su compañero ambulante.

-          ¿Cuánto está?

-          Cinco lucas, ingeniero.

-          ¿Por qué tan caro?

-          Todavía no sale en el cine, licenciado.

-          ¿Pero se ve bien?

-          Claro pues arquitecto, aquí todo es calidad.

Pasó por el jirón Azángaro, se le estaba haciendo largo el trayecto y eso que faltaba arreglar unos papeles. Ahora sí que me descuentan, decía en su mente.

-          Chino acércate. – le dijo a uno tenía un gorro y estaba con un folder en la mano.

-          Buenas congresista Arzuaga. ¿Qué ha sido de su vida? Desde la campaña que no nos vemos. – dijo el tramitador – No me diga que de nuevo quiere que le tramite unas firmitas para la campaña del 2011.

-          No chino, todavía falta tiempo, eso ya lo veremos después.

-          Usted siempre tan fiel a nosotros.

-          Escúchame chino necesito que pongas en orden a mis empleados.

-          A ver explíqueme.

-          Lo que pasa es que con esto de lo de la Conchaya necesito poner a mis asesores en orden. O sea quiero que le saques títulos a mi asesores, así que digan que se han graduado en alguna universidad, para que después no haya problema como con la empleada esa, o sea como quien previene.

-          ¿Cómo cuantos quiere?

-          Son 4. Haber yo te digo, a la chola de mi empleada, al jardinero, al mayordomo y a mi trampa.

-          ¿A la chola de donde quiere que la graduemos, de la San Marcos, o de la UNI?

-          De la San Marcos porque creo que la bruta no sabe ni contar.

-          Al jardinero le voy a poner que estudió Ciencias Políticas.

-          Con las justas sabe leer el pobre.

-          Al mayordomo lo voy a graduar de la Católica.

-          ¿Y a mi trampa?

-          De la Pacífico, jefecito.

-          Ok, mira tú mismo eres, así como el que me tramitaste.

-          Y no va a ser jefecito.

-          Toma cien soles de adelanto.

-          Ok. Yo se los mando a su despacho jefecito, ya nos vemos.

Había desperdiciado toda la mañana y en media hora empezaba la sesión del pleno. Llegó con las justas y pudo entrar.

Horas después recibió la llamada de su amigo y colega el congresista Martin Avendaño.

-          Hola Arzuaga, que ha sido de tu vida, ¿Qué me cuentas?

-          Ahí bien Martín, haciendo unos trámites. – respondió Arzuaga

-          ¿Ya pusiste en regla a tus “asesores”?

-          Hoy fui donde el chino, en estos días me están llegando.

-          Ese chino es un conchesumadre, es de la puta madre, se lo pides y te lo saca.

-          Si pues Martin, deberíamos ponerlo como asesor.

-          Ese hijo de la gran puta, te saca todo, acuérdate como te ayudo.

-          Si Martin, si no me daba la manito, no estaría contigo ablando ahorita.

-          Y no va a ser pues cuñado. Hay que tener cuidado con lo de los asesores, porque los de la oposición están que rebuscan como la mierda. – dijo Martin.

-          Están con hambre. Como fue Martin con eso de las mineras.

-          Compadre, ya tengo el contacto con la Yanacocha, va a ser una toreada inmensa, por cada onza que sale al exterior, la mitad se queda para nosotros.

-          Te felicito cuñado, ahora sí que ya no necesito sueldo de congresista, y ¿te costó o así gratisito nomas?

-          No tú sabes hermano, que hay que derramar sangre para que el toro mate. Ya le metí la vaina a los de aduanas, va a ser una toreada de la puta madre, cuñado.

-          Tu siempre tan acertado compadre, ahora hay que irnos a comer, ¿estás libre? – preguntó Arzuaga.

-          Yo siempre libre, vamos al chifita, de paso para recoger las boletas para que después nos descuenten.

-          Si a mí me tienen que descontar mis boletas de diez mil soles.

-          ¿Qué lindo es el Perú, no compadre?

Publicado en on Febrero 2, 2009 at 4:40 pm Dejar un comentario

Execritos 2008: Trece cuentos en la sombra

“Un avión que va a caer a la deriva, el nacimiento de la gran ciudad del valle montañoso, una borrachera entre piscos que ocasionará estragos, una confesión sincera de amor, un capitán que ni las olas más grandes lo detienen, una típica relación entre dos grandes amigas, el anunciado suicidio de un joven en soledad, un calvo que agoniza frente a las luces de un público expectante, las confesiones sinceras de maldad y alcohol, el héroe que es juzgado, unas relaciones nada ortodoxas, el enigma de un éxodo en medio de una crisis y unos relatos de una ciudad sumergida en una guerra por el poder y el honor.”

Ya esta disponible el primer libro de Jose Luis Repetto Deville titulado “Execritos 2008: Trece cuentos en la sombra” los que quieran adquirirlos envíen un mail a jlrepettod@hotmail.com solitcitando el PDF del libro. 

Por el momento es gratuito, hasta que sea publicado por alguna editorial.

Gracias y saludos.

El editor.

Publicado en on Enero 26, 2009 at 3:59 pm Dejar un comentario

Crónicas villacampillas

Guerra, pese a demostrar osadía y mantener una postura imperante, desafiante y inquebrantable la invasión fue inminente. Lucio Valdivia ya no se encontraba, murió o lo asesinaron ocho años atrás, cuando la sombra cubría las gigantescas montañas de Villa del Campo, y el temor que impartía nos hacía invulnerables.  Ahora estábamos sumidos en la más profunda anarquía, gobernados por Martin “el inequívoco” Piatti, un personaje pintoresco que por estos tiempos colgó su nariz roja y se dedicó a la formalidad que requería el máximo gobernante de este valle dorado. No fue elegido por el pueblo, más bien resultó ser otro más de los gobernadores impuestos por la fuerzas armadas villacampillas que en actitud poco democrática e imitando a los viejos padres de nuestra patria hacían y deshacían el poder popular. Nunca más volverá a reinar paz si es que un Valdivia no nos gobierna, se hablaba por lo bajo y ese era el clamor de todos los villacampillos. El gran carisma era la mejor arma de Piatti y eso nadie lo puede negar, se mantuvo en el poder gracias a su personalidad bonachona y a su amplio derroche de dinero, que no era visto desde aquellas viejas disparatadas que solía tener el magnate en una de sus borracheras interminables. “El inequívoco” realizaba comparsas de 2 semanas, llenaba las calles a ritmos de carnavales gigantescos que por más de un mes paralizó la producción a ritmos extravagantes traídos desde la amazonia brasilera, su despilfarro llegaba hasta regalar botellas de pisco y cerveza en concursos, declaró todos los viernes día de la juerga, las borracheras eran cosa de todos los días, incluso llenó la pileta de la plaza mayor de licores afrodisiacos y libidinosos que al poco tiempo generaron imprevistos embarazos, hasta que la mayoría de las mujeres no pudieron salir de sus casas debido a que la panza les crecía a ritmos agigantados. Esto era conocido en Caballococcha, que empezó a vislumbrar una invasión a nuestro territorio, iban a aprovechar el momento en que todo el pueblo se encontrara embriagado para atacarnos y poder al fin saciar esa sed de venganza y anhelo de riqueza que por décadas no los dejaba ni dormir.

Menos mal que la invasión se demoró en ser planeada y ejecutada, dado que para cuando el fatídico 4 de febrero ingresaron por las montañas del Oeste el pueblo ya desde el nuevo año había culminado sus épocas de parranda carnavalesca, Piatti anunció que el pisco y las reservas de dinero se habían agotado y que sería necesario un año de fervoroso trabajo para que así el próximo año poder volver a tener un nuevo año sabático. Con esto se normalizaron las cosas, los mineros volvieron a las montañas, los trabajadores volvieron a las empresas, los obreros a sus fábricas, los militares a sus cuarteles y Martin Piatti a la casa de la gobernación. Fue el fin de las fiestas y la celebración, pero las épocas de trabajo ardoroso prometidas por “el inequívoco” no duró mucho tiempo ya que casi un mes después de la vida normal, fuimos invadidos violentamente por la milicia de Caballococcha. Si bien la armada villacampilla logró replegar al ejército rival, la guerra se libró a las afueras del valle. Miles de jóvenes fueron enrolados a la armada, yo no logré ingresar porque era muy joven, ni mis dos mejores amigos, aunque ellos lo harían en el último año del conflicto. Los jóvenes fueron a la guerra, algunos viejos también, los obreros y mineros no pararon la producción de la economía de guerra. Nada se detuvo, vivimos cinco años en esta batalla interminable, el humo de muertos carbonizados llegó un día a Villa del Campo, el olor a sangre nos hacía pensar. Fue en el último año de la guerra cuando mis amigos se enrolaron a la armada, yo por no llegar al límite de edad requerido acepté la propuesta de un amigo de mi padre para ser reportero de noticias para el diario “La Crónica” en las mismas trincheras donde se desarrolló el conflicto.

Fue ahí cuando pude rencontrarme con Juliano y Dominicano, y también conocí al magnífico militar que nos guió hacia la victoria, el comandante Gallardo de la Quintana, y me dijo que iba a ser un grande. No le creí. La guerra te marca y a mi me pasó eso cuando regresé, no pude hablar por varios días, Juliano llegó transformado se volvió un semental apasionado que fue recordado en los burdeles de mala muerte, Dominicano cambió su imagen varonil y se dice que durante el conflicto sirvió de refugio de varios soldados que necesitaban liberar su energías. La tinieblas de la guerra aún perduran en mi menta, recordando lo oscuro y tenebroso que fue cubrir las noticias en el mismo lugar donde mis compañeros caían rendidos y su sangre inundaba y tenía de rojo el enorme río que a inicios de siglo construyó Lucio Valdivia, para que Villa del Campo volviera a ser ese valle verde por el cual combatimos.

Publicado en on Enero 6, 2009 at 5:01 pm Dejar un comentario
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Villa del Campo

“Frente a la plaza del pueblo que proclamaba Luciano Valdivia como todopoderoso, éste gran hombre ha de recordar aquella vieja historia que su padre le contaba cuando era pequeño, ese mágico y cuento real que comenzó décadas atrás cuando Lucio Valdivia pisó por primera vez Villa del Campo.

Todo comenzó un dos de Junio, fecha que Lucio Valdivia llegó provisto de una pala y varios soles de oro, que para ese tiempo eran una fortuna. Se libraba una frondosa y violenta guerra con el país vecino del Sur y se encontraban cercando la capital, así que el prolijo hombre decidió comenzar una expedición sin rumbo. Era cierto que Lucio huyó, no quería que el vecino del sur le quitase la vida, como ocurrió con su padre, el capitán Federico Valdivia que su coraje le valió de poco y quedó derrotado en el Combate de Punta Silvestre y su cuerpo ha de encontrarse en el puente de mando de aquel glorioso monitor. Su madre, cuyo nombre Lucio Valdivia trató de borrar por tan infame traición y así fue ya que Luciano Valdivia nunca ha de enterarse, corrió una mejor suerte, días después de haberse enterado de la muerte de su esposo, viajó a la frontera en búsqueda del cadáver para que Federico recibiera cristiana sepultura y descansara en paz, y allí se enamoró de un oficial chileno, que le pidió la mano y se casaron a las pocas semanas. Lucio Valdivia que para ese entonces tenía 19 años anduvo esperando noticias de su madre por más de un año, la dio por muerta y trataba de contactarla, hasta que una carta anunció que había contraído nupcias con un destacado coronel chileno y que en pocos meses ha de tener un nuevo hijo. Lucio nunca pudo soportar dicha traición, su padre murió para que su madre se case del asesino, nunca llegó a entenderlo y prefirió olvidarlo. Decía que lo mejor sería cambiar de nuevos aires y una expedición sin rumbo desconocido aliviaría su soledad grisácea de la capital. Las monedas de oro que su madre adjuntó en la misiva le valieron para que se proveyera de alimento y una serie de artefactos en su travesía hacia la sierra andina. Los que lo vieron partir dijeron que llevaba bebiendo vino por más de dos semanas sin descanso, otros dijeron que era una sombra andante que caminaba zigzagueando y gracias a ello esquivó las cuatrocientas ráfagas de proyectiles que los invasores le dispararon y sus vecinos lo olvidaron o la neblina se encargó de desconocer dicho momento.

Así huyó de su casa, así emprendió su viaje sin destinó, así zarpó un buque sin puerto por conocer, eso ha de contarle a Luciano luego de más de tres décadas de prosperidad y bonanza. Los recuerdos no han de ser muy claros, huyó ebrio y sin poder reconocer el camino, sólo se supo que escapó de la fatalidad, buscando que el tiempo lo decida. La travesía resultó siendo complicada, aún cuando le relató por primera vez a Luciano no ha de recordar todos los pormenores. Lo que se supo fueron las largas caminatas logró dispersar a un batallón que fusilaba a cualquier desertor, atravesó varias cordilleras desafiando a cabezas clavas y lanzones monolíticos que se le pusieron en el camino y que los derrotó con su fuerza descomunal de su brazo izquierdo inflexible y siempre listo para el golpe certero, el frío de las montañas y los vertiginosos precipicios por los que cruzó para poder conseguir agua, los más de doscientos pueblos en los que se las tuvo que ingeniar para recibir alimento. Y se encontró agotado, cansado de los más de cinco meses de recorrido sin fin, hasta que los primeros días de junio detuvo su marcha, en un largo campo circuncidado por gigantescas montañas y procuró no levantarse jamás. Durmió más de una semana y fue despertado por un grupo de pobladores nativos que lo dieron por muerto, en estos días de ronquidos inagotables tuvo el sueño más real de su vida, tan mágico que lo daba por fehaciente, en él un cóndor de oro y otro de plata se sentaron en lo más alto de las montañas y al poner su pico en la roca maciza surgían más cóndores de estos materiales preciosos. Al despertarse, por el ruido inquebrantable de estos pobladores nativos, tuvo la certeza que en esas montañas el oro y la plata abundaba. Según uno de los nativos a los que Lucio ha de conocer a plenitud una década después le preguntó cómo se llamaba el pueblo y a quien les pertenecía, él le dijo que los pobladores nativos. El gran hombre que se puso de pie, le pagó una moneda de oro a cada una de las cinco familias que habitaba en este campo verde inmenso y compró este majestuosa sábana verde rodeada por montañas y sin saber que en ellas se haría el hombre más rico del país años después y el máximo explotador de oro y plata del continente siguió el camino de los cóndores, el ritmo de su sueño y la bautizó como Villa del Campo en honor del segundo apellido de su olvidada madre que gracias a su insistencia de casarse con el extranjero lo motivó de emprender este viaje sin destino.”

Publicado en on Diciembre 8, 2008 at 10:05 pm Dejar un comentario
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El Comandante en su cueva

El sonido rugiente y exorbitante sucumbió en todo el puerto, el comandante Varela,  la fragata bien posicionada y su gorro bien puesto, las caponas en su sitio y su traje bien limpio. El timonel ha pedido de Varela, que suenen los motores y dale más fuerte. Todo bien a babor, suban el ancla y los marineros, lo obedecían, los oficiales bien sentados mirando como trabajaban los otros. Era el comandante que no trabajaba, era el almirante en su covacha.

Zarparon y el ruido presuroso de toda marcha, motores a fondo, Varela llevaba ocho años anclado en este navío llamada La Federación, con poco éxito, se podría decir casi ningún éxito, se mantenía firme en ella por sus contactos, tenía el poder del todopoderoso gobierno peruano, que lo mantenía ahí al mando del mejor navío de la armada peruana. Había fracasado, todas sus misiones eran un completo desastre, era el hazmerreír de los comandantes de los otros buques, era el hazmerreír de sus propios oficiales doble cara, esos a los que cuando Varela hablaba, si mi comandante o si mi señor, pero cuando se iban al Caballero de los Bares y con un whiskey en la mano este hijo de puta de Varela que me tiene harto, me tiene cansado cuando te irás. Y apostaban, el propio almirantísimo  lo tenía en su contra, lo había tratado de sacar en más de una ocasión, lo acusaron de ladrón, de corrupto, de estafador, de traidor, incluso de narco; pero era entonces cuando el propio Presidente enviaba una carta y todo solucionado, y Varela seguía al mando de La Federación.

Se encontraba cercado, era el momento, el almirantísimo y toda la plana mayor de la Marina llegaron a puerto y esperaron varias horas hasta que el navío llegase al Muelle de Guerra. Ancló el buque y Varela bajó con su caminar prepotente y sus aires de superioridad, tenía la carta de baja en el portafolio y lo pensó varias veces, la Marina iba a desafiar al gobierno, iba a sacar al comechado, al hijito del Presidente y así lo sacó. Varela se río y después se puso serio, lo bajaron de La Federación, pero se rebeló, no hizo caso a su jefe y se llevó a su tripulación a alta mar, anclando su buque al espaldas de la Isla San Lorenzo.

Es una insolencia, dijo el Presidente, como se te ocurre sacar a Varela es inamovible; pero señor ya lleva ocho años al mando de La Federación, dijo el almirantísmo, sus propios oficiales no lo respaldan, no han aprobado ninguna misión de inteligencia y mucho menos de guerra; y a mí que chucha me importa, es mi sobrino y lo está haciendo bien, y acá el que manda soy yo y si yo digo que se queda se queda me entendiste.

Varela quedó autorizado por el propio Presidente para regresar al puerto y seguir como comandante de La Federación, no lo quería nadie ni la plana menor del navío ni la mayor, ni la propia Marina misma, sólo tenía al máximo líder de las Fuerzas Armadas, vivía en su cueva, era omnipotente ahí o eso ocurría.

Publicado en on Diciembre 2, 2008 at 3:45 am Dejar un comentario
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Soy una mala persona cuando tomo

Soy una mala persona cuando tomo; y cuando no lo hago, en menor medida. Me remonto a las jóvenes noches, pero viejas oxidadas por el recuerdo del pasado. Ya no soy mala persona, porque ya no tomo, pero si lo hago, volvería a serlo. Ocurrió como siempre, en esa vieja playa, en la que aún mi memoria no se limita a olvidar. Preferiría no acordar, pues fui malo, y lo reconozco. Pero hay historias, que se deben confesar como los envenenamientos que realicé, de los cuales aún no me arrepiento, las burlas que parodié y que aún el espectro del pasado me mantiene ahí. Guardadas en la retina de estos ojos, testigos del sufrimiento ajeno que me hacían sentir más y más feliz. Me gustaría que vuelvan a ocurrir, pero sólo mi relato las mantienen vivas.

Era días antes al año nuevo, seco compadre, Roberto ahí me decía compadre esta noche la hacemos, y yo estas seguro que hoy quieres pegártela, él obvio pess hoy día será la primera, y yo bueno es tu decisión, hay que comprar un wiskisito y alguito de guaraná. Él quería, yo nomás me limitaba a hacerle caso, quería que lo emborrachara, que lo llevara a la ruina, que por primera vez sintiera que el alcohol no lo dejara razonar, que estuviera completamente borracho, hasta la inconsciencia. Esa noche lo organizamos bien, converse con Danilo, lo planeamos todo y con algunas amigas, yo ya había tomado, me estaba convirtiendo en mala persona, ya me daba ganas de emborracharlo, de hacerlo debutar en el ambiente etílico. Íbamos a darle vasos puros de whiskey con alguito de guaraná para que le diera color y pareciera otra cosa, habíamos arreglado los dados para tener más rango cuando juguemos general, para emborracharlo más rápido. Ya era mala persona. Y comenzó la noche, sacamos los vasos, sírvele un vaso fuerte a Roberto, seco compadre, uy me salió seis, chupa huevón, y él toma, secaba, empezaba a subirle el trago, uy se te cayó el dado, chupa doble por imbécil, y todos ¡jajaja! Se empezó a tambalear, trató de pararse y no pudo, empezó a actuar como un perro, vomitó varias veces y cayó rendido en el pasto, cerca a la arena. Estuvo como dos horas ahí durmiendo, como un muerto, no se despertaba y tuvimos que llevarlo por ahí, no se paraba, no reaccionaba, ¿estará muerto?, Danilo decía: déjalo está haciéndolo para llamar la atención, nos tomamos un par de fotos con Roberto tendido en el piso. Conchesumadre no se despierta, a la enfermería. Nos salió cara esa borrachera o más bien le salió cara, tuvieron que hacer que evacúe todo el alcohol que tenía en el estómago, ¡y la canción! Nunca más pudo tomar whiskey. Estuvo cuatro días con resaca y jodido y yo fui mala persona por emborracharlo.

Mi tía me dice, si, si eres mala persona, sólo cuando tomas y yo creo que ya me di cuenta. He matado un cangrejo sin haberlo tocado, me he burlado de gente que baila como maricón a la que ayudé a que se emborrachara. Le he hecho lo que le hice a pisquito, y de eso es una de las pocas que me arrepiento de mis borracheras. He tocado a personas que no debí ni haberlas mirado. Me he peleado y he disfrutado de la amargura, de la pena ajena. He sido cómplice y por lo tanto merezco castigo. He dicho cosas que me arrepiento de haberlas dicho. Pese a que me muero de ganas de verla borracha, me dice que nunca tomará conmigo, porque ella me conoce, sabe que cuando tomo, soy una mala persona.

 

Publicado en on Noviembre 27, 2008 at 1:11 am Dejar un comentario
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El suicidio de Matías Sobel

Prólogo:

Me gustaría decir que en la vida todos son iguales. Suena parecido a un texto legal o a una carta magna. Lo cierto es que no lo son. Cada persona es única por naturaleza, única en su máxima expresión. Desde el momento que nacen, se desarrollan y mueren tienen rumbos distintos. Distinto también de manera física, como son o como eres, tienes el cabello negro o más bien es rubio; eres blanco, mestizo o mulato; eres alto o por lo contrario bajo; si eres zurdo o utilizas más la derecha. Son distintos también desde la manera como piensan; si eres mas radical o eres mas conservador; si creen en un dios o en muchos, el hecho de haber varias religiones demuestra la diferencia de pensamiento; eres extrovertido o prefieren adoptar una personalidad mas calmada y perfil bajo como dicen ustedes. La frase de que todos los seres humanos son iguales es pura demagogia. ¿Cuán exitosa es una persona? ¿Qué lleva al fracaso? Preguntas que parecen tener respuesta, el éxito es la habilidad de aprovechar los momentos al máximo, una persona es exitosa cuando ha supo utilizar sus oportunidades. La vida es para vivirla, es corta también y sino le encuentras un sentido ni un rumbo has muerto. Muerte no es sólo físicamente, en el interior puedes estarlo. La vida te distingue en relación al éxito y al fracaso. Los valientes los que se arriesgan que pueden conseguir el éxito como también pueden fracasar en el intento, pero si quiera te arriesgaste, eres valiente. Los mediocres que no arriesgan y que su miedo al fracaso les impide vivir. Frase cierta, el que no arriesga no gana, así de simple.

Los fracasados son los que están muertos en alma, muertos totalmente, no es justa la vida. A unos les toca mas fácil y a otros tienen que luchar contra la adversidad. Es más persona aquella que rema contra la corriente que a una que rema con la corriente a su favor. Se valora más al primero. Pero ¿Se puede tener todo y echarlo a perder? Es decir; ser uno de los que reman con la corriente a su favor pero deciden remar contra la corriente. El suicidio de Matías Sobel es un claro ejemplo.

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El camino se hace cada vez mas largo, son sólo unas cuadras y ya estará todo finalizado. En las últimas semanas todo me ha sido desfavorable, pero ya se acabará este sufrimiento, hay que ponerle fin a este asunto penoso, hay que ponerle fin a la existencia. El mar apenas se puede ver debido a la neblina, esta que simboliza mi interior, todo nublado, sin un rumbo ni una meta. Ya es noviembre y parece que el frío se empieza a acabar, el calor saldrá y a muchos alumbrará. Soy Matías Sobel, tengo 17 años y esta es la crónica de mi suicidio.

Estoy loco me digo a mi mismo, no dejo de llorar y de pensar en lo horrible que fue hoy. Yo lo tuve todo a mi favor, una vida de por delante y la eché como cuando tiras una maceta. No hay marcha atrás. La decisión tomada está. No sólo he arruinado mi vida, la de mi Zaphira también, una muchacha que no tiene la culpa de mis errores, una hermosa mujer que cambió mi existencia, que me ha dejado marcado, hasta hoy. “¡Soy un huevón!” grito mientras dos personas que están por el faro me miran. Tomo asiento en una banca a contemplar mis últimas horas de existencia. Se tiene que acabar. Saco de mi billetera y miro su fotografía, comienzo de nuevo a llorar, estamos los dos juntos abrazados. Hace un par de meses nos tomamos esa foto. Ahora ella está en un ataúd, habrá pasado a mejor vida gracias a mí, yo que la presioné tanto, yo que le dije que lo haga por su bien, pero en realidad fue por mí bien. Si es que no me hubiera escuchado aún estaríamos juntos, si es que no hubiera sido tan estúpido. Ella está en una mejor vida y yo la debo acompañar, si sigo vivo lloraré su muerte por siempre y creo que no soy tan valiente de acostarme todos los días pensando en que yo tuve la culpa. Mi conciencia no me dejará vivir tranquilo. “¿Por qué Dios me tratas así?” vuelvo a gritar. ¿Por qué me golpeas? ¿Por qué dejaste que se muriera? ¿Por qué dejaste que hiciera eso? ¿Por qué no me hiciste recapacitar? Acaso quieres que pague lo que sufrió tu hijo en la cruz ¿Por qué ella tenía que morir? Yo no quería que sufriera, era sólo por nuestro bien, nunca pensé que esa maldita operación la matara. ¿Si es tan injusta la vida para que mierda vivimos? No puedo más, la pena me empieza a dejar sin palabras. Me caigo de la banca que está al frente del faro. El sufrimiento me mata lentamente. La melancolía y la tristeza me perforan el alma. Hace exactamente un año era la persona más feliz del mundo, hablaba con mis amigos, era de los primeros del colegio y gozaba cada día más de vida, y ahora doce meses después la tristeza me mata. ¿Por qué tuvo que ser así? Yo sólo quería el amor de Zaphi pero terminé mal, muy mal. El arriesgarme por ella me mató. Siento que lo mejor es contarlo todo, a ustedes, para que sepan lo que viví este último año. La reflexión los pondrá como jueces de mi comportamiento y para que puedan concluir que en realidad me consideren la peor persona de la existencia humana, que es como yo, personalmente me califico.

(y esta historia continuará en un futuro…)

Publicado en on Noviembre 17, 2008 at 12:16 am Comentarios (2)

Inevitable

Todo no volverá a ser como fue antes. Y aunque pensé hace un par de meses cuando ya reconciliados estábamos, que no me volverías a importar y que me daba lo mismo lo que si o que no, me estoy dando cuenta que resulta inevitable, resulta imposible que no importes, resulta imposible que me hables y que no te quiera, que no hayan sentimientos encontrados, que no sienta lo que sentí hace ya más de un año. Dentro de pronto cada uno tomará su camino, va a ocurrir lo mismo que en un aeropuerto, tu tomarás la puerta de embarque numero 18 y yo tomaré la 15, el futuro nos dará una cachetada, nos dará un golpe bajo y te escribo ahora porque perderte de nuevo (y quizá para siempre), no quiero.

Somos lo que fuimos, y seremos lo que quisimos; y pienso que dejé que fuéramos lo que fuimos, dejé de hablarte a fines del verano, dejé de mirarte; pese a que nos reconciliamos, una noche ahí (esa misma que el pisquito) hicimos las paces, generamos una alianza, volvimos a ser amigos después de tantas peleas álgidas, tantos “nunca te volveré hablarte nunca más en vida”, tantas mayúsculas gastadas en tu teclado, tantos adioses y tantas lágrimas olvidadas en el tiempo. Fuimos amigos, y si que lo fuimos, nos volvimos a llevar bien, pero no tan bien como antes; volvimos a hablar a conversar, pero no fue igual como antes; volví a ir a tu casa, pero no fue lo mismo de antes; eran miradas evasivas, ya no eran de complicidad. Llegué a pensar que no te quería ni te volvería a querer como antes, pero la gente se equivoca, piensa mal, comete errores, se deja de hablar por días, semanas, meses; te dice cosas feas y después se arrepiente; te manda a volar y después regresa volando para que me perdones y te pide una segunda oportunidad y tu aceptas, pero no será lo que fue y que yo creo que no será.

No te escribiría esto si es que no te quiero como te quise antes, si es que dentro de pocos meses si es que no hacemos ahora algo no nos volveremos a encontrar, seremos absorbidos por una nube oscura que nos ocultará para no vernos nunca más y si es que si no me importaras, si es que no te quisiera como te quise antes, no hubiera hecho nada, me hubiera quedado de brazos cerrados esperando que el futuro nos olvide, esperando que mi corazón deje de pensar en ti y seguir con nuestras vidas, cada uno por su camino, como si nunca nos hubiéramos conocido, como si nunca nos hubiéramos querido y por falta de tiempo y malas circunstancias no llegó a ocurrir lo que tú querías y lo que yo por diversas razones no quise. Resulta francamente inevitable estar separados, seguiremos cada uno por su camino.

Publicado en on at 12:14 am Dejar un comentario

El Héroe de Murundanga

No se salva. Te lo he dicho más de una vez más hermano, no creo que se salve. Sentenciado ya estaba, hablaba con ella y le miraba a través, mirándose frente a frente se arregló el pelo, no te salvas le dijo. La condena se impartió meses atrás, aún era diciembre recuerda ella, mi hermano no creía en nadie, bandolero sin miedo, refugiado en su libertad, en el amparo incondicional, un guerrero sin piedad, en la vida, su majestad.

Ocurrió años atrás, el crimen más estúpido, le dijo a su hermana. El hermano sólo seguía órdenes, “eran terroristas” le decía, ¿estabas seguros que no eran campesinos?” le pregunté, y él “sí”. Me hizo una pausa “y si, eran terroristas”. Todo pasó una noche en el poblado de Murundanga, en la localidad del valle del Sarmiento, queda a unas horas del valle del Urubamba me decía, y ella le creía. Los militares buscaban a un tal camarada Jorge, mi hermano iba al frente. Los pararon en la carretera. “Carajo, campesinos, no ven que somos del Ejército” les dijo a los campesinos que se atrevieron a pararlos. Un suboficial sacó el arma, se había dado cuenta que el campesino llevaba un arma en el pantalón. Y mi hermano “¿Qué haces con esa arma?” ya sabía que no eran ronderos campesinos, su intuición le aseguraba que eran terrucos. “Tu ven acá campesino, súbete a la Jeep”. El campesino poco caso le hizo y se limitó a correr. “Dispárale en la rodilla” y el suboficial ¡Pum! Así cayó el primero. Se adentraron en el pueblo, les dijo que este pueblo era de terrucos y que los campesinos y pobladores los apoyaban, entonces les dijo que los reuniera a todos en la plaza y que empezaría a matar uno por uno hasta que el camarada Jorge se entregase. Dicho y hecho, me cuenta hoy mi hermano a 20 años de lo ocurrido, le relataba con una claridad extraordinaria. Eran alrededor de 100 pobladores de Murundanga, fueron traídos a la fuerza, los que se opusieron ¡Pum! Comenzó mi hermano tratándolos bien, al ponerse hostiles, los comenzó a increpar: “Tanto arriesgarían por ese Jorge, incluso su vida, yo les hablo en serio”. Señaló a dos jóvenes que estaban vestidos de rojo, los suboficiales lo acercaron. “¿Cuándo tiempo se demora en cosechar la papa?” les preguntó. No respondieron, ¡Pum! ¡Pum!  “Para que vean que son terroristas y a los terroristas hay que eliminarlos”. Así comenzó la cacería, ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! no hablaron ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Preferían callar, todo por una causa, por un ideal ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Lo encubrieron, fueron capaces de sacrificar sus vidas por él, por el camarada que no se atrevió a dar la cara, por el valiente guerrero que nunca se armó de valor y encarar el asunto, por el que dejó que los otros terrucos se sacrificaran por él.

“Que cobarde que fue el maldito cabrón”. Y su hermana le pregunta “¿Y hoy te arrepientes?”. Él me respondió “Yo hacía mi trabajo, respetaba al Perú, hacía que se cumpla la Constitución, a todos los que maté eran terrucos, la constitución me respaldaba o eso pensé”. Ya no hay más vuelta que darle, veinte años después como cambió la historia, “Pasé de ser el héroe antiterrorista que mató a 100 personas por defender a su país, al Monstruo de Murundanga que es una escoria de los derechos humanos” dijo mi hermano. “Dime si es que hay justicia en este país, dímelo ahora que me voy a morir, dímelo ahora que la Corte Interamericana de los Derechos Humanos me va a dejar sin vida”. Yo que me había quedado en silencio, sólo le respondió “No sé si es que exista justicia en éste país, sólo sé que todo es relativo, depende de quién esté en el poder, depende si es que la Corte…” me interrumpió, estaba iracundo “Hermana, esos de la Corte, esos comunistas caviares, sólo denuncian a los hicieron el bien. ¿Acaso has visto que sentencien a un terruco?”.

Era la hora, la hermana, veía detrás del vidrio cómo su hermano se quedaba sin vida frente a la mirada atónita de los defensores de los derechos humanos, frente a esos izquierdistas que financian a las Organizaciones de Derechos Humanos para que denuncien a los verdaderos defensores del derecho y del Perú. Pienso en mi hermano y recuerdo en lo que me dijo, mientras que sus ojos se cierran. Sólo sé que si hubiera tenido que matar a otros 100 terrucos por defender al país de la escoria humana, lo hubiera hecho de nuevo.

Publicado en on Noviembre 3, 2008 at 11:20 pm Dejar un comentario
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La misteriosa vida de Corolario San Martín

Todavía no lo conocía, éramos jóvenes, el cuartelazo gritaban, nadie nos resguardaban, los policías ávidos marchaban, el momento soñado para mi gran padre, las noticias anunciaban saqueos, me quedé en mi casa, su padre todavía no llegaba, todavía no nos conocíamos. Había estado en La Editora, “malditos hijoeputas rojos” decía mi padre mientras las insignias de su uniforme desplegaba, todavía no la conocía, “hay que dar un golpe para que el Perú pueda mejorar”, tenía 25 años y ejercía el periodismo, “hijita desearme suerte mañana es mi día”, todavía no tenía ni columna ni la política hacía, “no llores si es que no regreso”,  “conforme doctor saldremos a las protestas mañana cae Falencio”, vas a tener suerte pa van a salir toda la oposición toda la prensa, maldito hijoeputa Falencio tu y tus rojos no regresan, “ahora tengo que irme hijita me esperan en el cuartel ya regreso”, van a marchar hasta la Plaza de Armas, mi padre dijo que el ejercito iba a darle la espalda al rojo, me voy a reunir en la casa del General de la Riviera hay que apoyar al golpe, mi padre iba a regresar en media hora me dijo que esperara a un periodista recíbelo y trátalo bien. Ahí recién la conocí, le abrí la puerta era muy apuesto, sentí algo en mi interior, lo saludé, así comenzó nuestra relación, su padre llegó, mi papi le dijo que mañana era el día, nosotros íbamos a respaldarlo, esa noche nos quedamos conversando, sentía que me gustaba, desde ahí supe que íbamos a estar juntos hasta la muerte.

Corolario San Martín llegó presuroso a su casa. “Hijito, ¿Qué haces acá? ¿Por qué no estás en La Editora?”. Miraba rápido, las agujas del reloj Tic Tac se aceleraban Tic Tac rondaba su mente Tic Tac. “Madre no tengo tiempo”. Subió, cogió sus maletas, un par de polos, unos jeans, ropa interior, una linterna baterías, un poquito de colonia, más desodorante, una lavadita de dientes. Tic Tac un poco de plata debajo del colchón y se lavó la cara y Tic Tac y ya está. Angustiado pero más presuroso la palpitación crecía y Tic Tac crecía y cada vez más “¿Por qué me pasa esto a mi?”. Bajó casi se rueda, se despidió de su madre “si es que no vuelvo es porque fueron los falencianos”. Corolario San Martín se fue en carro, conducía a cien y Tic Tac, pasaba los semáforos en rojo y Tic Tac “ojala que esté en su casa” “ojala que esté en su casa”, tocó el timbre y ahí estaba Mariana de la Riviera “Reina nos vamos, los rojos nos persiguen, empaca tus cosas hay que ir a la Isla de Martino Gracián” y ella si. Se iban a casar pronto, más que pronto dentro de tres semanas. Ya sudaba y Tic Tac, era una ducha andante y Tic Tac y “el timbre conchesumadre, no vayas a abrir Mariana, nos quieren matar, a mi por lo del artículo en La Editora y a ti porque siguen buscando a tu padre”. “Vamos por atrás”.

Así salieron, viajando hasta el y Tic Tac hasta el puerto, tenían que recurrentemente evadir los puestos policiales que cada kilometro se encontraba y Tic Tac. Se lograron embarcar en la Punta y navegaron por más de una hora hasta la Isla de Martino Gracián donde se encontraba “La Resistencia”. Eran una población grande y oculta, se sintió aliviado y como en el hogar y no más Tic Tac, ahora estaban juntos ambos novios perdidos pero a salvo en una isla que era el símbolo de la democracia. Mientras que el mar iluminaba al frente la desolada y luminosa la ciudad de Lima, convertida en el foco golpista de Guillermo Falencio y su movimiento izquierdista popular que suprimía las libertades, se mataba y se perseguía a medio Perú. Estamos libres, somos los defensores de la democracia, somos los amantes del país, y me  besó, te quiero Mariana, si es que me hubiera quedado me hubieran apresado y no estuviéramos juntos, volveremos algún día.

Había envejecido y ya tenía calva. Había vuelto a lo grande y lo grande estaba por comenzar. Había resucitado y el país lo aclamaba. Había regresado y su esposa aún vivía. Todavía le era fiel, pero nunca dejó de serlo al país. Ya tenía hijos y ya ocultaba la verdad. El gran periodista y líder opositor había derrotado a los falencianos y el misterio de su calva estaba por venir.

Escrito el 29 de Octubre del 2008.

Publicado en on Octubre 31, 2008 at 2:28 am Dejar un comentario
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